Es la influencia propia del bosque. Hace que todo nos parezca conocido, perdido hace tiempo, como un trozo de canción olvidada que se desliza por la superficie del agua. Y más que nada, como doradas eternidades de antigua infancia o antigua madurez, con todo el vivir, el morir y el dolor de hace un millón de años.

Jack Kerouac - Los vagabundos del Dharma (via spirit-wanderer)